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Polillas, el peor enemigo de esta temporada

Polillas, el peor enemigo de esta temporada

Son mariposas del final del día, polinizan cuando todos duermen y no le hacen daño a nadie. A menos que se alimenten de fibras naturales, que es cuando nos atacamos. Literal. Es que las polillas son el terror de toda tejedora, porque las larvas de algunas de sus variedades, crecen comiendo lana. Tal cual, lana y otros hilados de origen natural, que se devoran cero empacho. Y estamos en plena época, así que toca animarse y poner nuestros proyectos en un lugar seguro.

Como sabemos que las plagas de polillas son un tremendo tema para nuestra comunidad, nos lanzamos a buscar soluciones prácticas. Así nadie se encuentra su chaleco regalón lleno de hoyos cuando empiece el frío. Y obviamente en este blog les compartimos todos esos tips que logramos reunir y que hemos ido probando.

Lo primero que tenemos que entender, es que hay muchísimas variedades de polillas, que se alimentan de diferentes productos orgánicos. A nosotras nos preocupa la de la ropa, pero como no somos expertas, la recomendación es evadirlas todas. Siempre. Para eso es fundamental guardar muy limpias y secas nuestras prendas tejidas o de telas naturales. Las polillas tienen un olfato muy superior a la media del mundo animal y las atrae el olor corporal. Ropa limpia equivale a un menor atractivo para ellas.

Otro punto que también tiene que ver con el olfato, son los olores penetrantes que podemos usar en nuestras prendas. Bolsitas con hierbas como la lavanda, o con cáscaras de cítricos deshidratadas, incluso ají ahumado o tabaco. Todo sirve para alejarlas de tu clóset. Otra opción son las bolitas de cedro, que puedes lijar superficialmente cada año para mantener vivo su aroma particular. También valen los aromatizadores para telas en spray, idealmente en versión cítrica o de lavanda. Nada de eso les agrada a estos insectos, así es que es posible mantenerlas a raya sin recurrir a olor tóxico de la naftalina.



También existen métodos que ahuyentarían bichos a través del ultrasonido y que funcionan enchufando un dispositivo que emite frecuencias desagradables para ellos. Sabemos que bien funcionan con las arañas, así que si prefieres una medida poco invasiva, esta es perfecta. Sí tienes que considerar modificar la frecuencia cada cierto tiempo, para evitar que las polillas se adecuen al ultrasonido de turno y obviamente verificar que el aparato que compres sirva para lepidópteros.

Lo que es seguro y no falla, son los mecanismos de barrera. Eso quiere decir, mantener hilados y proyectos ya tejidos, almacenados en bolsas con cierre hermético. Así las polillas no tienen acceso y descartan albergarse en tu clóset. Es súper recomendable hacer unos dos “cambios de armario” al año, para remover lo que hay en el clóset, revisar la ropa en detalle, dejar a mano lo de temporada y limpiar bien.

Cuando las polillas se instalan, es más difícil erradicarlas, pero no imposible. ¿La solución? Igual una lata, pero no queda otra que vaciar el clóset y aspirarlo en profundidad, para después pasarle un paño empapado en vinagre blanco o alcohol. Si la superficie es delicada, en el Jumbo venden toallitas húmedas desinfectantes para muebles de madera. Secas bien, ventilas un par de horas, lavas todo lo que había adentro con desinfectante para ropa (el Sanytol sirve para todo) y adiós bichitos desagradables.

De todos los años que llevamos produciendo hilados premium teñidos a mano, nunca hemos tenido problemas de polillas en el taller. Por lo mismo, quisimos compartir nuestras mejores herramientas y también un bono infalible: que cada hilado que llegue a tus manos, pase una breve temporada congelado en una bolsa con cierre hermético. Se lleva tal cual a -18 grados, por un mínimo de 72 horas, y no hay bicho ni larva que resista. Después lo ventilas y listo para ovillar o tejer, según prefieras.

Para cerrar, ¡el almacenaje sí importa! Permite que tus tejidos tengan cierto flujo de aire mientras están guardados, siempre muy limpios y secos. Incluso, si son más delicados, siempre es buena opción envolverlos en papel blanco y luego en bolsas selladas, que no permitan que accedan estos bichos indeseables.

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